Introducción
El Lectorium Rosicrucianum –la Escuela Espiritual de la Rosacruz Áurea– debe su nombre a una idea fundamental: el ser humano posee una dualidad inherente a su misma existencia. Por un lado, es mortal según su corporeidad: la cruz. Por otro lado, inmortal, eterno, según el principio espiritual que yace en su ser: la Rosa.
Cuando lo mortal y lo inmortal se unen y comunican, aparece entonces la Rosacruz, o mejor dicho, un Rosacruz.
El mensaje contenido en este símbolo no es nuevo, sino que tiene su origen en la omnipresente Sabiduría Original, unida a la humanidad desde el albor de los tiempos.
Esta Gnosis, esta Fuente Original de toda Sabiduría, es la energía del Espíritu Universal, penetra toda la creación. Sin embargo, los órganos de percepción del ser humano están orientados hacia el exterior, lo que coloca ante ella numerosos velos. Es posible percibir los efectos de este Espíritu Universal, pero no su esencia, por lo que su actividad permanece latente en lo más profundo del ser, como una semilla esperando germinar.
El mensaje contenido en este símbolo no es nuevo, sino que tiene su origen en la omnipresente Sabiduría Original, unida a la humanidad desde el albor de los tiempos.
Esta Gnosis, esta Fuente Original de toda Sabiduría, es la energía del Espíritu Universal, penetra toda la creación. Sin embargo, los órganos de percepción del ser humano están orientados hacia el exterior, lo que coloca ante ella numerosos velos. Es posible percibir los efectos de este Espíritu Universal, pero no su esencia, por lo que su actividad permanece latente en lo más profundo del ser, como una semilla esperando germinar.
De ahí que, desde los tiempos más remotos hasta nuestros días, los Grandes Instructores de la humanidad, adaptándose a cada época y circunstancia, hayan mostrado esta enseñanza liberadora de manera muy similar, indicando un camino que siempre orienta hacia el autodescubrimiento, hacia la unión con la propia esencia de la vida divina en el ser humano y, por ende, hacia la unión con el Espíritu Universal.
Lo extraordinario es que este mensaje, y la fuerza que emana de él, se ponen a disposición del ser humano en su existencia cotidiana , visible y material, demostrando que el mundo espiritual no se encuentra al margen de esta vida, sino que se expresa a través de ella, si bien actuando mediante sus propias leyes electromagnéticas.
La meta consiste en que el ser humano , volcado en su existencia material, a menudo inconsciente de su verdadera naturaleza, aislado y centrado en la expresión exterior de sí mismo, se unifique con su esencia espiritual, con su propio dios interior, permita su despliegue y se funda plenamente en él para entrar, así, en una vida radiante en el Espíritu.
Para ello, la persona que aspire a esta vida cumplirá con el mandato clásico inscrito en el frontispicio del Templo de Delfos: "Hombre, conócete a ti mismo".
De manera autónoma, desde su más íntima certeza, desenmascarará , una a una, todas las ilusiones del ego y percibirá claramente la Verdad Universal revelada en el silencio del santuario interior del corazón.
La Rosacruz no pretende detentar la posesión exclusiva de la Verdad. Tampoco intenta hacer prevalecer una creencia sobre otra señalando su aspecto diferenciador, sino que se esfuerza por comprender aquello que impulsa al ser humano a fundamentar su vida en algún tipo de creencia. Este es el elemento integrador, el núcleo esencial del que parten todos los sistemas filosóficos, científicos y religiosos.
En la Unidad se encuentra la idea fundamental de toda religión, cuyo objetivo es la re-unión con el Espíritu, con el origen de la vida misma, la energía en devenir, la cual sostiene la manifestación de toda la vida en el universo.
Pero, para desear la unión con algo es necesario conocerlo. Es imposible la verdadera aspiración a una vida según las elevadas leyes espirituales sin la necesaria comprensión de su naturaleza y esencia.
El conocimiento directo es, por tanto, imprescindible. Para que un despertar espiritual sea efectivo, es preciso que el ser humano participe en él de manera consciente, y que su desarrollo no se vea frenado por los factores que se derivan de la aceptación de dogmas que no se comprenden.
Así, el alumno, la alumna, rosacruz se coloca ante la Luz del Espíritu, ante la Radiación de la Fraternidad Universal, en total libertad, sobre la base de su conciencia y su autonomía personales.
La Escuela Rosacruz llama “Fraternidad Universal” a la cadena de Luz y Fuerza indestructible formada por quienes han entrado en un estado de vida inmortal, tras haber coronado con éxito el camino liberador, independientemente del sistema de iniciación que lo ha hecho posible.
Esta Fraternidad Universal se expresa en la materia a través de un Campo de Radiación de naturaleza espiritual, al cual cada sistema de iniciación, ya sea oriental u occidental, puede adaptarse según sus condiciones raciales y socioculturales, siempre y cuando se coloque ante esa Luz de manera impersonal, carente de expectativas
Y, ciertamente, la construcción que lleva a cabo el grupo de seres humanos reunidos en torno a esta Fuerza bajo el símbolo de la Rosacruz recibe el nombre de Escuela, porque en ella tiene lugar un aprendizaje, un proceso de desarrollo. En esta Escuela no hay maestros, ni gurús, ni siquiera “superiores”, sino que todos sus integrantes son llamados a ser alumnos y a convertirse en sus propios maestros, por medio del despertar de su átomo chispa de espíritu.
La Enseñanza Universal coloca al ser humano ante el misterio de este átomo primordial –el núcleo del microcosmos original- del cual emana la luz interior capaz de producir e esclarecimiento gradual de la consciencia que puede conducir al verdadero autoconocimiento.
Lo extraordinario es que este mensaje, y la fuerza que emana de él, se ponen a disposición del ser humano en su existencia cotidiana , visible y material, demostrando que el mundo espiritual no se encuentra al margen de esta vida, sino que se expresa a través de ella, si bien actuando mediante sus propias leyes electromagnéticas.
La meta consiste en que el ser humano , volcado en su existencia material, a menudo inconsciente de su verdadera naturaleza, aislado y centrado en la expresión exterior de sí mismo, se unifique con su esencia espiritual, con su propio dios interior, permita su despliegue y se funda plenamente en él para entrar, así, en una vida radiante en el Espíritu.
Para ello, la persona que aspire a esta vida cumplirá con el mandato clásico inscrito en el frontispicio del Templo de Delfos: "Hombre, conócete a ti mismo".
De manera autónoma, desde su más íntima certeza, desenmascarará , una a una, todas las ilusiones del ego y percibirá claramente la Verdad Universal revelada en el silencio del santuario interior del corazón.
La Rosacruz no pretende detentar la posesión exclusiva de la Verdad. Tampoco intenta hacer prevalecer una creencia sobre otra señalando su aspecto diferenciador, sino que se esfuerza por comprender aquello que impulsa al ser humano a fundamentar su vida en algún tipo de creencia. Este es el elemento integrador, el núcleo esencial del que parten todos los sistemas filosóficos, científicos y religiosos.
En la Unidad se encuentra la idea fundamental de toda religión, cuyo objetivo es la re-unión con el Espíritu, con el origen de la vida misma, la energía en devenir, la cual sostiene la manifestación de toda la vida en el universo.
Pero, para desear la unión con algo es necesario conocerlo. Es imposible la verdadera aspiración a una vida según las elevadas leyes espirituales sin la necesaria comprensión de su naturaleza y esencia.
El conocimiento directo es, por tanto, imprescindible. Para que un despertar espiritual sea efectivo, es preciso que el ser humano participe en él de manera consciente, y que su desarrollo no se vea frenado por los factores que se derivan de la aceptación de dogmas que no se comprenden.
Así, el alumno, la alumna, rosacruz se coloca ante la Luz del Espíritu, ante la Radiación de la Fraternidad Universal, en total libertad, sobre la base de su conciencia y su autonomía personales.
La Escuela Rosacruz llama “Fraternidad Universal” a la cadena de Luz y Fuerza indestructible formada por quienes han entrado en un estado de vida inmortal, tras haber coronado con éxito el camino liberador, independientemente del sistema de iniciación que lo ha hecho posible.
Esta Fraternidad Universal se expresa en la materia a través de un Campo de Radiación de naturaleza espiritual, al cual cada sistema de iniciación, ya sea oriental u occidental, puede adaptarse según sus condiciones raciales y socioculturales, siempre y cuando se coloque ante esa Luz de manera impersonal, carente de expectativas
Y, ciertamente, la construcción que lleva a cabo el grupo de seres humanos reunidos en torno a esta Fuerza bajo el símbolo de la Rosacruz recibe el nombre de Escuela, porque en ella tiene lugar un aprendizaje, un proceso de desarrollo. En esta Escuela no hay maestros, ni gurús, ni siquiera “superiores”, sino que todos sus integrantes son llamados a ser alumnos y a convertirse en sus propios maestros, por medio del despertar de su átomo chispa de espíritu.
La Enseñanza Universal coloca al ser humano ante el misterio de este átomo primordial –el núcleo del microcosmos original- del cual emana la luz interior capaz de producir e esclarecimiento gradual de la consciencia que puede conducir al verdadero autoconocimiento.

Filosofia

